Delante del Palacio de la Moneda (vaya, desde donde gobierna la Bachelet)Después de muchos meses preparándolo, por fin el viaje se hacía realidad. Nos despedíamos de la familia con menos drama del que habíamos imaginado y subíamos las escaleras mecánicas para dejar atrás territorio conocido.
Una vez en la zona de embarque de la terminal A, nos sentamos cerca de la puerta 52 haciendo un último repaso de nuestros últimos días en Barcelona.
Las horas de vuelo hasta Zurich se nos pasaron muy rápido pero el enlace con el siguiente avión, frenético. Llegamos a la terminal A de Zurich y nuestro avión hacia Santiago de Chile salía desde la E. Para llegar a nuestra puerta de embarque utilizamos tecnología punta Suiza. Véase: pasar por pasillos y escaleras mecánicas hasta llegar a una especie de metro impoluto que avanzaba por un túnel iluminado. Lo mejor: unos hologramas proyectados en las paredes del túnel que representaban un paisaje nevado típico del país, al tiempo que se oían unos mugidos de vaca.¡ Todo muy suizo!
Conseguimos subir al avión repleto de jubilados hablando alemán y tomamos posición en el que sería nuestro espacio durante las próximas 19 horas. De nuevo los suizos nos sorprendieron: viajar en turista con Swiss Air no está nada mal, tienes pantalla individual con un mando con el que poder elegir lo que quieres ver (pelis, series, juegos, info sobre el vuelo). Bárbara se decidió por Ratatoille y Ágata por Diario de una niñera. Y os preguntaréis... ¿por qué estas? Porque eran las únicas dobladas al castellano! Sí, somos así de políglotas.
De ser un vuelo de más horas nuestros niveles de colesterol se hubieran disparado. Cuando no dormíamos, comíamos, y cuando no, nos daban chocolatinas suizas. Bárbara, explorando su faceta más gafe tuvo que lidiar con una azafata chillándole desde la otra punta del pasillo para que se sentara debido a las turbulencias; casi mata al azafato de una trabanqueta involuntaria; perdió la almohada que dan al sentarte (aun no sabemos qué pasó con ella); se le rompieron los auriculares justo antes de que se colgara su pantalla de televisión, y eso sin contar con el abuelo que teníua delante que cada vez que se estiraba tapaba su pantalla con las manos.
Casi 12 horas más tarde aterrizábamos en Sao Paulo. Una ciudad que desde el aire nos pareció inmensa y caótica. Tras más de una hora parados esperando a que llegaran nuevos pasajeros, emprendimos vuelo hacia Santiago. En ese momento nos dábamos cuenta de que sólo son 4 horas de diferencia con España.
Las últimas 3 horas y 40 minutos fueron la parte más pesada del viaje.
Una vez aterrizamos en Santiago, pasamos todos los controles policiales y nos reencontramos con nuestras maletas. Sólo salir nos atacaron cantidad de taxistas ofreciéndonos ayuda: uno incluso nos persiguió hasta el lavabo. Dicho sea de paso, este hombre era el hermano gemelo de El Puma (cantante).
Al final nos decantamos por un taxi oficial justo después de haber cambiado euros por pesos chilenos.
Nuestro hostal está en una zona residencial muy tranquila en el barrio de Las Condes. Dejando a un lado lo kitsch de la decoración, está limpio y es agradable. Tenemos baño propio y podemos usar una pequeña cocina comunitaria.
Después de una ducha necesaria y curativa, salimos a comprar algo para la cena y el desayuno (bebida y fruta). También nos compramos una guía de Santiago para empezar al día siguiente nuestra primera incursión turística en Suramérica!!!
La verdad es que no nos situamos mucho hasta que un inquilino del hostal, un estudiante austríaco, nos dio cuatro pistas sobre el país. Tras un rato hablando con él y su compi chileno, nos retiramos a la habitación para descansar... mañana será nuestra primera toma de contacto con la ciudad!